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Puede que la versión de ti que te salvó no sea la versión en la que debas permanecer.

  • 1 ago
  • 2 min de lectura

Últimamente me he estado haciendo una pregunta:


¿Cómo saber cuándo simplemente has superado una etapa de tu vida?


Durante un tiempo pensé que estaba cansado.


Cansado de mi trabajo.

Cansado de la rutina diaria.

Cansado de cargar con demasiado.


Pero cuanto más sincera era conmigo misma, más me daba cuenta de que eso no era del todo cierto.


Todavía tengo sueños

Todavía tengo metas

Todavía me importa profundamente


Quizás la vida que intento construir ya no se corresponde con la vida que llevo actualmente.


Una parte de mí ya está en otro lugar.

La otra parte sigue aquí.


Creo que ahí es donde empieza la tensión.


Mente, cuerpo y alma no se mueven en la misma dirección.


Resistir ya no se siente seguro, se siente asfixiante.


Ahora el objetivo es la expansión, el crecimiento y la alineación.


Pero nos ciega la mentira de que algo que una vez nos ayudó a salir adelante, debemos debérselo para siempre.


La gratitud y el crecimiento pueden coexistir.


Podemos apreciar una etapa de nuestra vida y aun así saber que ya no es donde pertenecemos.


Mientras escribo esto, me doy cuenta de que tal vez ahí es donde me encuentro ahora.


En algún punto intermedio.


Quizás una de las cosas más valientes que podemos hacer es reconocer cuando algo ya no está alineado con nosotros.

No se trata solo de un trabajo, sino también de amistades, relaciones, lugares y versiones de nosotros mismos.


No nacimos para pasar nuestras vidas sufriendo.


Nacimos para crecer, para crear, para amar.


Quizás la pregunta no sea:


¿Cuánto tiempo más podré soportar esto?


Pero más bien:


¿Qué pasaría si finalmente me escuchara a mí mismo?






 
 
 

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